
Los medios de comunicación dieron un informe del 2006 sobre
la violencia y la agresión que se vive al interior de las aulas, pero lo que se logró fue satanizar el trabajo de diálogo y concertación que se realiza con la comunidad educativa y tiene como pilar los contextos sociales, políticos y culturales de los niños y niñas.
Hablar de violencia en la escuela es hablar del espejo social, político, económico, de la influencia de los medios en el desarrollo formativo y educativo de los niños y las niñas, y la afectación de la convivencia en el aula, siendo éste el primer escenario de socialización y convivencia, y no como argumentaron los medios de que en la escuela se justifican los actos agresivos.
Francisco Cajiao sostuvo que cuando uno es consciente de la cantidad de problemas sociales que llegan al colegio, se requiere de estrategias, prácticas sociales y pedagógicas que permitan encontrar la convivencia, y en este sentido se hace necesario saber manejar el lenguaje y la comprensión de las situaciones.
La comunidad educativa está desarrollando hoy programas de sensibilización, pedagogías de diálogo y convivencia que optimicen las condiciones en la escuela, pero ésta no puede abstraerse del diario vivir de los niños, porque ellos aunque están buena parte de su vida en las aulas, también traen experiencia de sus casas, sus barrios, sus odios, felicidades y frustraciones.
La escuela tiene responsabilidad y no culpabilidad por lo que en ella acontece, pues mientras el gobierno restrinja personal como los orientadores escolares, pieza clave en este proceso de cercanía, diálogo y comprensión de lo que viven y piensan los jóvenes, las acciones de los maestros serán insuficientes, porque cada uno esta en su área y para ello existe un personal idóneo en la materia.
Para Francisco Cajiao aunque la responsabilidad no es exclusiva de la escuela, ésta si debe garantizar unas mínimas condiciones de convivencia dentro de ella, y que lo último que pueden hacer los maestros es, declararse públicamente irresponsables.