domingo 29 de marzo de 2009

Oscar Soto Mojíca, Despedida de un amigo y un paisano

Ya terminó su camino. El que supo recorrer con su temperamento recio y buen humor chinacotense. Disfrutaba cada momento con intensidad y afecto, así en su oficio magisterial en el Instituto Técnico Agropecuario, en Medellín, en el San Luis Gonzaga; así también en su afición lúdica; así en su constante y persistente amistad.
Pero la muerte, tempranera ella, se lo llevó cuando creíamos que ya había salido del terrible percance, entonces la tristeza envuelve de luto el alma de su familia y la añoranza toca la memoria de sus amigos.


Hoy tu familia, Oscar, te acompañan con el desconsuelo de quienes te aman aunque pueden encontrar un alivio en las sabias palabras del poeta:


Las voces que uno quiere no se callan,
viven y sobreviven, sobrenadan,
en la memoria fiel y escandalosa.



porque de una cosa se puede estar seguro, Oscar Soto Mojíca fue fiel a su origen y a sus ancestros. Sus 59 años los vivió cargado de pasión y decisión. Descansa hoy ya pues del trajín que quiso y supo vivir, ya para siempre retirado pero no para el olvido. Al fin y al cabo como dijo Sabines, el entrañable mexicano:


Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nada
y estar en todas partes y en secreto.


Y aquí estás ya disputándose al vacío un espacio para el recuerdo. Por eso ya nos convocó el hijo, el hermano, el padre, el tío, el abuelo, el amigo. Nos convocó el Profe, el jugador impenitente, el amigo apasionado. Nos convocó para su duelo pero también para celebrar la vida que supo y quiso vivir sin esguinces a la alegría, sin permitirse amarguras y distancias.


Yo, Oscar, luego de ese silencio que tuvimos, te despido a nombre de tu familia, tus alumnos, compañeros, tus amigos, con palabras del poeta Benedetti el que alguna vez leíste:


Se me han ido muriendo los amigos
se me han ido cayendo del brazo ...
pero se van fugando los amigos,
los buenos, los no tanto, los cabales ...
si pudiera saber donde se ríen
dónde lloran o cantan o hacen niebla
les haría llegar mis añoranzas
y una fuente con uvas y estos versos.

Adonde quiera que estés ya para siempre despendido de este lado de la vida, vaya para ti el último abrazo del amigo recobrado y estas palabras aladas y afectuosas. Y que tu descanso, Oscar, Junto al Señor sea el consuelo de los tuyos.

César Pinillos Sierra
Lunes 23 de Febrero de 2008

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